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2026-04-05startup3 min de lectura

Entré a ejecutar. Terminé decidiendo.

18 meses, una migración cara, y lo que nadie te dice sobre crecer adentro de una startup.

Estás en una reunión. La pregunta no es qué tecnología usar — es cómo construir una plataforma que funcione sin reventar el presupuesto. Qué servicios de AWS vale la pena pagar. Cuáles conviene reemplazar con soluciones propias para abaratar costos. Hasta ese momento, un dashboard había estado tomando todas esas decisiones por vos.

Pediste el rol igual. Pediste estar en esa reunión. Y hablaste.

Ahí empezó todo.

Hasta julio de 2024 era un dev de back que hacía deploy en Render o Railway. Pegaba el repo, ponía las variables y me devolvían una URL. Eso era "infraestructura" para mí — un servicio gestionado que ocultaba todo lo que no quería pensar. Después entré a Brault y el primer mes me pidieron diseñar la arquitectura central de la plataforma. AWS, microservicios, decisiones reales, cero roadmap. Sin plataforma que abstrajera la complejidad.

¿Cómo se cierra esa brecha? Entré a la consola de AWS y empecé a tocar. Servicio por servicio, a medida que descubría que los necesitaba. Leía la letra chica, leía la documentación, testeaba, rompía cosas y leía más documentación. Ningún curso, ningún certificado, ninguna infraestructura ajena de donde copiar — investigación directa, entendiendo cada servicio lo suficiente para saber si usarlo, construir alrededor de él, o reemplazarlo por algo más barato.

Cuando entré a Brault, la stack ya estaba elegida. AWS, Node, MongoDB. Yo estaba ahí para ejecutar, no para decidir. A las dos semanas, mirando los modelos del dominio, supe que algo no encajaba — las entidades tenían relaciones obvias que Mongo nos iba a obligar a armar a mano. Lo planteé. No fue tomado como prioridad. El equipo tenía otras cosas que entregar, y así funcionan las startups: bajo restricciones reales, no ideales. Seguí parcheando los workarounds. Meses después migramos todo a una base relacional. Tiempo, riesgo, refactor de servicios enteros. Más caro de lo que cualquiera había estimado.

Pero esa migración fue la primera vez que no solo implementaba un plan — me hacía cargo de un resultado. Hay una diferencia entre levantar la mano y cargar con la solución hasta el final.

Crecer adentro de una startup no pasa en un momento. Es una secuencia: un proyecto diseñado de cero y mejorado con el tiempo, una crisis técnica resuelta antes de que nadie tuviera que pedírtelo, una decisión de arquitectura que nadie cuestionó. Y después, en algún punto, los socios empezaron a venir a buscarme a mí en lugar de al revés. Ese cambio — de esperar aprobación a ser consultado — es la transición de verdad. No tiene nombre ni fecha. Lo notás solo después de que ya pasó.

En algún punto dejé de trabajar para Brault y empecé a trabajar en Brault. Ambición compartida. Confianza real. Decisiones que importan más allá del próximo sprint. Sigue siendo constante — todavía hay migraciones por hacer, crisis por resolver, decisiones por las que argumentar. El camino no es más limpio ahora. Solo conozco mejor el terreno.

No me desperté un día siendo arquitecto. Me fui convirtiendo en la persona a la que llamaban cuando algo importaba.

Eso es todo lo que hay. No hay certificación para eso. Solo decisiones, tiempo, y el proyecto en el que elegís creer.


¿Te pasó algo parecido? Escribime a hello@sebastianfermanelli.com.