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Por qué se pincha un proyecto de software a medida.
Los proyectos rara vez fracasan por dificultad técnica. Fracasan por decisiones que nadie toma, y hay tres señales que aparecen antes de que sea tarde.
Cuando un proyecto de software sale mal, la explicación que se cuenta después casi siempre es técnica: se complicó, era más difícil de lo que parecía, el proveedor no daba.
Los estudios del sector dicen otra cosa. El informe CHAOS del Standish Group (abre en una pestaña nueva) pone como causas principales los requisitos incompletos y la poca participación del cliente, no la dificultad técnica. Los proyectos no se pinchan por dificultad, se pinchan por decisiones que nadie toma. La parte difícil se resuelve; la definición que queda pendiente tres semanas es la que hunde todo.
Lo bueno es que eso avisa. Hay señales que aparecen mucho antes del final, y son fáciles de reconocer si sabés qué mirar.
Señal 1: "eso lo definimos más adelante"
Es la más común y la más cara.
Aparece una pregunta que no tiene respuesta todavía —qué pasa cuando un cliente paga la mitad, quién autoriza un descuento, qué se hace con los pedidos viejos— y se posterga para no frenar el avance.
El problema es que el trabajo no se detiene: se construye alrededor del hueco. Cuando la decisión finalmente se toma, tres semanas después, ya hay tres partes hechas asumiendo lo contrario. Rehacer eso no es un ajuste, es tirar trabajo pago.
Qué hacer: ninguna definición pendiente puede quedar sin fecha. Si no se puede decidir hoy, se decide provisoriamente y se anota como provisorio. Una decisión provisoria explícita cuesta mucho menos que un hueco.
Señal 2: la demo siempre se parece a la anterior
Cada dos semanas ves algo, y cada dos semanas se parece bastante a lo del mes pasado. Se agregó una pantalla, se movió algo, pero no sentís que se acercó.
Eso pasa cuando el proyecto está creciendo de costado en vez de hacia adelante. Se suman detalles a lo que ya existe porque las partes nuevas dependen de una definición que no está. Es la señal 1, un mes después.
Qué hacer: antes de arrancar, acordá qué tiene que estar funcionando en la mitad del proyecto. No una lista de pantallas: un circuito completo, de punta a punta, aunque sea feo. Si a mitad de camino no podés usar nada de verdad, algo se desvió.
Señal 3: quien decide nunca está en la reunión
Las reuniones son con gente que después "lo tiene que consultar". Cada definición tarda una semana en volver, y a veces vuelve cambiada.
Este es el más silencioso de los tres, porque todo parece profesional: hay reuniones, hay minutas, hay avance. Pero el proyecto avanza a la velocidad de la persona que no viene.
Qué hacer: definir desde el día uno quién puede decir "se hace así" sin consultar. No tiene que ser el dueño. Tiene que ser alguien, y tiene que estar.
La parte que me toca a mí
Sería cómodo dejarlo acá, como si el proveedor solo sufriera las señales. No es así.
Del lado de quien construye, el error equivalente es no frenar a tiempo. Es cómodo seguir facturando semanas mientras se acumulan definiciones pendientes: el trabajo existe, las horas son reales. Frenar y decir "esto no avanza hasta que se decida esto" es incómodo y a veces se pospone.
Si un proveedor nunca te frenó, no es que tu proyecto vaya bien. Puede ser que no te esté cuidando.
Cómo se ve un proyecto que va bien
Es menos épico de lo que se imagina.
Hay pocas cosas pendientes y todas tienen fecha. Cada entrega hace algo que antes no se podía hacer, aunque sea chico. Alguien de tu lado decide en el día. Y cuando aparece un problema, se habla la semana que aparece y no la semana antes de entregar.
Ninguna de esas cuatro cosas es técnica. Por eso un proyecto puede tener un equipo excelente y salir mal igual.
Si estás por arrancar uno y querés revisar estos puntos antes de firmar con alguien, esa conversación la tenemos sin costo. Aunque no trabajemos juntos.