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¿Comprar un sistema hecho o mandarlo a hacer?
Seis criterios para decidir entre una herramienta que ya existe y un desarrollo propio, y una regla simple para saber cuál de los dos te conviene.
Es la primera decisión y casi nadie la toma con criterio. Se elige por lo que hizo un conocido, o por lo que ofrece el primero que aparece.
Y conviene tomarla con miedo sano. El informe CHAOS del Standish Group (abre en una pestaña nueva), la medición de referencia del sector, encontró que los proyectos de software que se entregan pero con problemas terminan en promedio 189% por encima del costo original. Casi el triple. Elegir bien acá, antes de arrancar, evita buena parte de ese riesgo, porque el proyecto más barato es el que no hacés.
La regla corta: si lo que hacés se parece a lo que hacen miles de empresas, compralo hecho. Si tu ventaja competitiva está justo ahí, mandalo a hacer.
Lo demás es aplicar eso con más detalle. Seis criterios, en orden de importancia.
1. ¿Cuánto de lo que necesitás es estándar?
Facturar, cobrar, vender online, agendar turnos, llevar sueldos. Miles de empresas lo hacen igual que vos, hay decenas de herramientas compitiendo por resolverlo y ninguna te va a cobrar lo que cuesta construirlo.
Si tu lista de necesidades es ochenta por ciento estándar y veinte por ciento particular, la respuesta casi nunca es hacer todo a medida. Es comprar lo estándar y construir solo ese veinte por ciento, conectado a lo demás.
2. ¿Lo particular tuyo es de verdad particular?
Acá está el error más caro, y es de los dos lados.
Muchas empresas creen que su forma de trabajar es única cuando en realidad es una costumbre. "Nosotros lo hacemos así" no siempre significa "necesitamos que sea así": a veces significa que nadie revisó por qué.
Antes de pagar por reproducir una particularidad en un sistema, preguntate si la defenderías frente a un cliente. Si la respuesta es "es lo que veníamos haciendo", probablemente convenga adaptarse a la herramienta y ahorrarte el desarrollo.
3. ¿Cuánto vas a pelearte con la herramienta?
Toda herramienta hecha impone su forma de trabajar. Eso está bien mientras la diferencia sea chica.
Se vuelve caro cuando el equipo empieza a inventar trucos para esquivarla: campos usados para algo que no eran, planillas paralelas, un cuaderno al lado de la pantalla. Cada truco es una señal de que la herramienta no encaja, y suele costar más en horas perdidas de lo que costaría resolverlo bien.
4. ¿De quién son tus datos y cómo los sacás?
Antes de contratar cualquier herramienta, averiguá cómo se exportan los datos si un día te querés ir. No es desconfianza: es lo mínimo.
Si la respuesta es "no se puede" o "hay que pedirlo por soporte", tenelo en cuenta como un costo futuro. Cambiar de herramienta con los datos adentro es el tipo de problema que paraliza una empresa por meses.
5. ¿Cuánto te cuesta dentro de tres años?
Una herramienta hecha se paga por mes y por usuario. Un sistema propio se paga casi todo al principio y después mantenimiento.
Hacé la cuenta a tres años, no a uno. A veces el desarrollo, que parece carísimo, sale menos que la suscripción de quince personas durante ese plazo. Y a veces es exactamente al revés. Lo importante es que sea una cuenta y no una sensación.
6. ¿Cuánto podés esperar?
Una herramienta hecha funciona la semana que viene. Un desarrollo tarda meses.
Si el problema es urgente, comprá algo hecho ahora aunque no sea ideal, y decidí con calma después. Ordenar la urgencia con una solución imperfecta es mejor que esperar seis meses la perfecta mientras el problema sigue.
La opción que casi nadie considera
No es blanco o negro. La combinación que mejor funciona en la mayoría de las empresas es comprar hecho lo estándar y construir a medida solo la pieza que te distingue, conectando las dos.
Pagás desarrollo únicamente por lo que te da ventaja, y dejás que otro mantenga lo que no. Es más barato, más rápido y más fácil de cambiar después.
Una forma rápida de decidir
Escribí en una hoja todo lo que necesitás que pase. Marcá cada línea con E de estándar o P de propio.
Si casi todo es E, comprá. Si casi todo es P, mandá a hacer. Si está mezclado, que es lo más común, ya sabés exactamente qué comprar y qué construir.